10
Jul
09

El Luthier- Cuento

El Luthier

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Dedicado a Victorio Montes Silva

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Un bombillo amarillo irradiaba su luz sobre la espalda del hombre, iluminando también la mesa en la que estaba trabajando. Tornillos, remaches, pequeños martillos, limas y muchos otros objetos estaban ordenados en pequeñas cajas sobre la mesa.  El hombre, sumamente concentrado, se acercaba a la lupa para obtener una mejor visión del objeto que tenía entre manos. Sus dedos sudaban un poco, eran horas de trabajo las que llevaba consumadas en ese pequeño recinto, y el agotamiento se empezaba a sentir en sus manos y en sus ojos, un poco enrojecidos por el cansancio, y ocultos, detrás de unos lentes. No obstante, no podía abandonar, no ahora que estaba tan cerca de terminar su trabajo, no faltaba mucho, ya sentía en sí mismo la ansiedad del trabajo culminado. “Una hora más y estaré en casa” se decía a sí mismo a medida que seguía su trabajo meticuloso. Trabajo, que no obstante, era incapaz de seguir al mismo ritmo de antes. Pequeños errores que sus manos de artesano no estaban acostumbrados a hacer, ahora venían a entorpecer su trabajo:

Hizo un movimiento un poco brusco, y un tornillo se resbalo y rebotó por la mesa con tan mala fortuna que terminó en el suelo, perdiéndose de vista. Debido a su pequeño tamaño desistió en buscarlo, hubiera perdido minutos valiosos, que ahora, que estaba tan cerca de culminar no estaba dispuesto a regalar. Mañana aparecería se decía, a medida que sacaba otro tornillo idéntico de una bolsa pequeña, e intentaba concentrar toda su atención para no seguir cometiendo errores. Sus manos temblaban un poco más esta vez. Pensó en irse a descansar y retomar a la mañana siguiente el trabajo empezado, pero prefirió avanzar un poco más. Logró colocar el tornillo y ahora tenía que cambiar una lengüeta. Las lengüetas eran otra historia, pequeñas y delgadas, y sobretodo frágiles, no se podía permitir el lujo de dejarlas caer, se podían romper, o estropear, y ese pequeño pedazo de metal, que guardaba en su esencia la facultad de crear música, de evocar paisajes, o pensamientos de todo tipo, perdería toda la virtualidad de sus posibilidades. Un pensamiento negativo oscureció su frente, mientras hacía esfuerzos enormes por llevar a cabo su operación con toda la dedicación y el empeño al que estaba acostumbrado. Costaba, sí, ahora, tarde a la noche, esa operación que normalmente realizaba sin mayores dificultades, se complicaba más a cada minuto que el reloj marcaba.

Un pequeño golpe, con precisión de cirujano y  lo logró, ya casi estaba, solo tenía que poner la cubierta y estaba terminado, ya su trabajo por el día de hoy, terminado.

Ahora quedaba lo más fácil que era atornillar las cubiertas, y esta vez el proceso lo hizo sin ningún contratiempo, acostumbrado como estaba, a armar, y desarmarlas cientos de veces. El momento de la verdad había llegado. Arriba de su cabeza, la luz amarilla del bombillo se reflejaba contra la cubierta metálica de la armónica, que a su vez rebotaba sobre los lentes del hombre. No podía imaginar, una belleza más grande que un trabajo terminado. La llevó a los labios y experimento un placer enorme. Era un gusto tocarla, la armónica era como una amante ideal, que respondía de manera complaciente a los pedidos y a los movimientos de su pareja. La siguió tocando y se sintió enormemente complacido con su trabajo. Realizó todo tipo de escalas y estas se deslizaban como la música más bella. Tocó canciones, algún viejo blues, que él pensaba que muy probablemente todas las armónicas llevaban impregnadas en alguna parte de su esencia –eso que iba más allá del metal y la madera- un blues viejo con olor a tierra, a la vida del hombre que naufraga por carreteras que se ensanchan tanto como sus horizontes sin fin.

Complacido, una enorme sonrisa combatía al resto del cansancio de su rostro. Se sentía  un héroe –aunque era un pensamiento que solo guardaba para sí mismo- era tal vez el mismo pensamiento que experimentaban los soldados después de haber ganado una dura batalla, o los científicos después de haber realizado algún descubrimiento asombroso. Cada uno se sentiría muy orgulloso a su manera, y el hombre se hermanaba con ellos -a través del tiempo, a través de la distancia- por medio de su arte.

En la mesa, al frente suyo yacían algunas herramientas que con toda meticulosidad ordeno de nuevo al lugar donde pertenecían. Término de ordenar, y guardó la armónica en su maletín, se limpió el sudor de la frente y salio por la puerta de su taller, de nuevo a la ciudad.

Conducir por Ciudad de México no era una tarea fácil, una ciudad enorme, y por tanto repleta de vida a todas horas, hacia que transitar en el automóvil fuera un paseo tedioso donde el tráfico avanzaba muy lentamente. Para no desesperarse el hombre siempre ponía algún cd de música para que le hiciera compañía en su trayecto. Generalmente, escuchaba grandes armonicistas, a negros haciendo música oscura, que muchas veces era más oscura que su piel. También escuchaba a otros músicos más modernos, que habían expandido el rango de alcance del instrumento pero si algo tenían en común a través de los años es que los hombres  expresaban, lo que vivían, lo que sentían por medio de ese instrumento tan pequeño, de ese pedazo de metal que se volvía una parte más de su cuerpo.

Pero afuera, el ruido de los autos, de los bocinazos, de los aullidos de la música que venía desde todos lados y traspasaba las ventanas de su auto, y encerraban al hombre hacia el interior de sí mismo. Afuera era otro mundo, afuera se valoraban las cosas de otra forma, y él lo aceptaba con una triste sonrisa que se desprendía de sus labios. Nada podía hacer, pero él tenía su mundo, lo único suyo.

Llegó a su casa y su mujer, que lo esperaba con la cena preparada, ahora fría, lo recibió con un beso que hubiera sabido mejor si el hombre no sé hubiera tardado tanto. Lo conocía, sabía como era, y por eso no le hizo ningún reproche, pero durante la cena, cuando él le contaba con tanto apasionamiento todo su día cargado de emociones, fatigas y descubrimientos, ella no podía sentir sino un fino distanciamiento por una pasión que para ella no lo era tanto. Lo escuchaba y sonreía, pero cuanto hubiera preferido que llegara a tiempo a casa, sin esa fatiga que se le desbordaba por los ojos.

A la hora de dormir ambos se acostaron y él se despidió del día con otra triste sonrisa. Nada podía hacer pero al menos tenía su mundo, lo único suyo.

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Se despide

saltando una palabra

Camilo Palabra

05
Jul
09

Ray Koefoed- Arte con un videojuego, ¿es posible?

Portada del juego, simbolo raro.

Portada del juego, simbolo raro.

Half Life es una saga de juegos para pc que tuvo sus inicios en 1999, en él,  el jugador controlaba a Gordon Freeman, simpático cientifico metido en un laboratorio donde se hacían experimentos, de esos que Fox Mulder lloraría por presenciar. Por los arrebatos de la historia, o por una metida de pata de los cientificos (Ups, Albert y Openheimer) hay un cruce entre dimensiones, y unos monstruitos buena gente se adentran en la realidad del mundo de Gordon, con la loable intención de…matarlos a todos. El científico, al más puro estilo Steven Seagal, de “repente” se convierte en el heroe que salvará el día luchando contra monstruos, marines, cientificos locos., Bush etc. y demás pestes que asolan el planeta.

Bueno, unos años más tarde, salío la secuela de Half Life donde manejamos otra vez a Gordon Freeman. Nuestro objetivo sin embargo, no es hablar de la trama de este juego sino de una de las herramientas del programa, llamada el G-Mod. dicha modificación permite al jugador manejar el “engine” del programa para crear su propia historia, osea manipular los objetos que aparecen en el jeugo, los personajes, los escenarios y cual Steven Spielbergs crear lo que queramos, historias íncluidas. Youtube como podremos imaginar, está lleno de animaciones de la gente…. casi todas de ellas bastante tontas, hechas por niños de 13 años más o menos, o de una edad mental similar. Pero, ¿qué pasa si alguien decide usar esa herramienta para hacer algo bueno, de calidad, si ese alguien decide crear arte?

Señores, les presento a Ray Koefed. Vean los videos y juzquen por ustedes mismos.

Videos musicales

Fligth Of  kleiner

Half Inmortal- Evanescence- Mi favorito

Hellraiser Ravenholm- Corto, basado en la película de terror.

Para terminar

Piece Of Korin- Ni la Gritney no lo hubiera hecho mejor.

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¿Te gustó, no? Deja un comentario!

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Se despide,

montando una palabra

Camilo Palabra

26
Jun
09

El ocaso

Con la muerte de Michael se habre un nuevo festín para los medios de comunicación que durante unas cuantas semanas nos bombardearan con toda la michael-mania con la que se suele “honrar”, o más bien deberíamos decir “aprovechar” a los muertos, claro, muertos famosos, no de nuestra clase, que seremos muertos comunes, y no habrá ninguna “manía” cuando nos hayamos ido.

Las reacciones suelen estar dividas en dos bandos: 1)Los que se burlan de Michael, demostrando lo “superados” que son, con ese cínismo de pelicula barata. 2) los fanáticos que no pueden creer que se les haya ido del dios del Pop. Ninguna de las dos posturas me gusta demasiado, pero definitivamente me parece más deleznable la primera. Michael no era ni un monstruo, ni un genio, era un ser humano como todos, y por cierto, uno bastante traumado.

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Si hay algo que no se puede negar es que su música en los 80`s marcó una etapa. Todas las bandillas pop de hoy en día, sí, esas bandillas que solo sacan un disco y desaparecen para siempre le deben algo, lo sepan o no, pero es que a diferencia de ellas, Michael hacia buena música, buena música pop, lo cual es todo un mérito. En ese sentido sigue la estela dejada por los Beatles (no los estamos comparando, hay gradaciones por su puesto), y en las que rara vez un producto de masas, creado para el mercado de consumo, logra el equilibrio entre “producto” comestible, y producto de calidad.

Yo por mi parte no soy amante de la música pop, pero debo reconocer que la música de Michael, sobretodo de dos de sus discos: “off the wall”, y “Thriller” me parece excelente. Música perfecta para levantarte con todas las pilas, o canciones íncluso, más lentas, como “she`s out of my life” cargadas de profundo sentimiento.

Ahora nos encontramos en la etapa de la manía, millones de sus discos se van a vender, nos lo van a meter hasta en la sopa, y hasta los medios, que antes mostraban con cinismo sus nuevas desventruas, de la noche a la mañana, idolatraran todas sus obras, con la hipocresis médiatica a la que nos tienen acostumbrados.  Se están vendiendo objetos suyos en ebay por millones de dolares, y esto más que abrir un interrogante sobre la vida de Michael, lo abre sobre la vida de la gente, de los que se prestan al circo.

Términamos este post, señalando que por encima del ser humano, con todos los defectos que ya todos conocemos, estaba el artista. Un verdadero artista.

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Sin palabras

se despide

camilo Palabra

25
Jun
09

Ciclo de cine: las “x” peliculas que he visto antes de morirme// School of Rock

La imagen habla por si sola. Vaya a saber uno que tiene untado en esas cuerdas.

La imagen habla por si sola. Con esa cara vaya a saber uno que tiene untado en esas cuerdas.

La segunda elegida es una pelicula que no sobresale en ningún aspecto especifico (salvo su banda sonora, e incluso eso puede ser discutible), ni su fotografía, ni su dirección, ni sus tópicos son una maravilla, y decididamente no es una pelicula que entrará en el panteón de los grandes del cine. ¿Entonces, por qué la eligímos?

para decirlo en palabras lisas y llanas, la peli funciona. Sí, es una peli Hollywoodense, con estilo norte americano, de grandes historias y grandes sueños por cumplir.Pero en este blog no queremos caer en Snobismos  y hablar solo de grandes peliculas europeas para demostrar lo “culto” que somos. Queremos también hablar de los casos contados en que Hollywood hace bien su trabajo, y presenta trabajos que son llamativos.

Digamos de paso que también detestamos cuando una sinopsis dice más de lo que uno necesita. Como cuando justo estas leyendo algo sobre una peli intersante y te pasaste un par de palabras y ya te la arruinaron. te dan ganas de matar al que lo escribió, y con mucha razón. Pero hablemos un poco de la peli.

Trata de una historia simple, de un treintañero desilusionado que siempre soñó con ser una estrella de rock pero carecía del talento, o de la fortuna para realizar su sueño. Se encuentra estancado, sin saber mucho que hacer. Su concubino (roommate queda más lindo) que a diferencia de él es un hombre organizado y “confiable”,  ejerce la honorable y siempre dificil tarea de educar.  Por los azares del destino (en realidad no, pero no queremos detallar demasiado). Nuestro simpatico rockero perdedor (cuanto adjetivo!!) suplante a su concubino como profesor en una escuela. Cabe notar que sus conocimientos son bastnate nulos, y su cerebro, un poco apelmazado y azotado como una guitarra de Jimi Hendrix en Woodstock.

Jack Black, nuestro cari redondo y carismatico actor, decide tirar la “escuela” por la ventana, y en un “poco” egoistico gesto suyo, decide cumplir con las pequeñas crituras a las que educa,  sus sueños frustados del boulevard of broken dreams. Aquñi comienza la premisa de la peli. De ahora en adelante el viaje es todo suyo.

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Decimos que la pelicula vale la pena porque a pesar de que no es ninguna maravilla técnica, es una pelicula que es muy llevadera, es muy digerible, como una especie de hamburguesa yanki muy bien hecha, y que por más de que uno se queje del “capitalismo” o de la fortuna de nuestras cuadrupedas hermanas, convertidas ahora en algo un poco más redondo y oscuro, no puede dejar de comer con gusto. Claro, hay filet mignon, existe el bifé chorizo, la bandeja paisa, cocteles de mariscos, y hay platos más ricos y elaborados. Pero la hamburguesa cumple a la perfección con su acometido.

En fin es una pelicula que te deja sonriendo (y rockeando) pero sin caer en los endulcorados y detestables lugares de las comedias románticas. Claro, como todo Hollywood, hay final feliz, y todos contentos y dichosos. Pero por lo menos la pelicula se atrevió a hacer lo suyo bien, a hacer reir, a hacer disfrutar. Y hasta íncluso, “interesarte” por la historia.

La invitación queda abierta,

los comentarios corren por cuenta de ustedes.

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Se despide de ustedes

rockeando con palabras

Camilo Palabra

22
Jun
09

Cuento: Laberinto telefónico.

Buen lunes para todos.

Hoy voy a publicar como entrada uno de mis cuentos, este lo hice en el 2006, y si bien adolece de muchas cosas, creo que no está nada mal. Espero que lo disfruten, y si quieren escribir algo al respecto, bienvenido sea!!

Perdiendome através de los cables, busco tu nombre.

Perdiendome através de los cables, busco tu nombre.

Laberinto telefónico

Hoy e vuelto a marcar su número Mis dedos encogidos y paralizados, como si estuvieran arrepentidos ahora descansan sobre la cama. Al igual que siempre, es demasiado tarde, ya marqué, ya volví a repetir ese mismo ritual ineludible, esa misma cadena rutinaria.

Estoy sentado, mirando con inutilidad el reloj redondo que deja pasar cada segundo como un latigazo diminuto que me recuerda el hecho precedente. Yo, cuando me pongo nervioso no soy como los otros, no me muevo, en realidad estoy tan inquieto que ya me di cuenta que no se puede hacer nada, desaparezco en esos huecos invisibles de las paredes que me circundan.  Una vez mi sobrina me dijo “pareces un búho muerto”, yo como era de esperar, voltee con lentitud hacía su rostro y me perdí esta vez en el verdor infinito de sus ojos.

Sería difícil  (por no decir imposible) contar las veces en que he terminado así; todo se repite una y otra vez, como una rutina mediocre, al igual que un sueño cíclico. Siempre las mismas palabras, los mismos gestos ahogados, las acusaciones fortuitas, las lamentaciones y los arrepentimientos, todas se encadenan, como una farsa teatral improvisada. Por supuesto, cambian las palabras, pero nunca el contenido ni las emociones punzantes que nos desgarran a ambos. Cuando terminamos de hablar, a pesar de que ella siempre lo niega, juraría que puedo escuchar como sus lágrimas se escurren por sus mejillas y se revientan con delicadeza contra la bocina del teléfono.

¿Cómo la conocí? Por casualidad, yo estaba solo y mis amigos me invitaron a salir con ellos, fue ahí cuando me la presentaron, la amiga de un amigo. Tenía una sonrisa dulce y unos ojos castaños transparentes, iluminados por un destello soñador. Entre copa y copa simpatizamos cada vez más y la atracción mutua se convirtió en amor al poco tiempo. Ahora, mirando el balcón  resulta casi inverosímil relatar ese momento. No por el tiempo sino por la cantidad de cosas que han pasado, por la rutina que todo lo ralentiza, lo alarga, hasta el punto que parece que ese hecho borroso fuera en realidad la historia de un pariente o de un amigo, una historia que trato de apropiarme. Pero no, la candidez de sus labios la tengo grabada en todo momento, me cobija cuando tengo frió, cuando estoy solo, cuando la llamo…

Me quedé dormido por un par de horas, el reloj de al frente con su par de látigos negros me devuelve a la realidad. Volví a soñar con la batalla medieval: Resulta que soy un soldado experimentado de algún imperio famoso y estoy en un combate gigantesco. Al principio salgo corriendo con un ímpetu volcánico, levantando la espada dispuesto a acabar con mis enemigos, estoy con la cara cubierta de sangre, toda de los otros, ni una gota mía. Entonces, no se porque, me detengo mientras los demás siguen luchando encarnizadamente, Me saco el casco, miro alrededor  y me siento absurdamente solo, fuera de lugar, fuera del tiempo. Bajo los brazos y observo todo con extrañeza, no entiendo nada, la melancolía detiene al guerrero, el mundo se mueve, la gente muere y yo sigo quieto, enajenado, entonces despierto, me siento triste. Sigo sin el casco.

A Penélope la amo, demasiado. ¿Entonces porqué no podemos estar juntos? Todos me han preguntado en una cantidad increíble de veces, creo que es precisamente el amor excesivo el que impide que las cosas funcionen bien. Somos egoístas, ambos, unos puristas, Roma o nada. Reconocemos nuestros errores pero no podemos hacer nada para cambiarlos. Lo nuestro parece un tipo de maldición Griega, uno de esos castigos que se repiten por toda la eternidad, como si el águila, (¿el teléfono?)  viniera todo el tiempo a comerse mis entrañas. Y eso, para mi desgracia no es únicamente una simple metáfora.

“Si el destino existe debe ser esto” me dijo ella en una ocasión,  yo me quedé callado, las palabras siempre me abandonan cuando más las necesito, me pareció que tenía razón. Ella comprendió mi silencio, al igual que comprende tantas otras cosas mías.  Después le dije que tal vez inventamos ese destino, y se nos creció tanto que nos cobija a los dos bajo ese mismo hecho de tener que obedecerlo. Ella se rió bajito, sin cinismo y me dijo que yo seguía igual que siempre, tan filosófico, dándole infinidad de vueltas a los asuntos. Eso es cierto, ella siempre tiene razón, con una sencillez casi infantil me va dibujando con palabras simples.

Hubo una época en la que lo nuestro se convirtió en algo enfermizo. Ahora pienso en eso y una ligera molestia, no exenta de rubor se apodera de mi cara. Durante unas semanas no salí de mi apartamento por temor a que ella me llamara y no me encontrara. Me la pasaba todo el día pegado al teléfono con obsesión. Fue una perdida de tiempo porque apenas me llamó un par de veces. Por otra parte mi vida social se marchitó de una manera triste, aún hoy, los pocos amigos que me visitan me consideran un caso perdido, y eso me da una terrible sensación de impotencia. Por supuesto no me dicen nada, pero hay un vacío en sus miradas, una compasión triste, se dirigen hacia mí como si estuviera enfermo, con una condescendencia lastimosa; hasta deben suponer que estoy un  poco loco. ¿Loco? Sí, por Penélope.

Miro la ventana. Hace un día hermoso, el cielo es tan claro que parece un lago cristalino de cabeza. El gato viene y ronronea, lo consiento con la misma mano que marcó el teléfono. Tomo un vaso de cerveza espumoso, abrazo esa otra ventana hacía el olvido. Necesito un escape, tejo parches momentáneos en los que oculto mis dolores, pretendo huir de mi mismo, saltar el laberinto. Un poco borracho voy hacia el baño y me miro en el espejo, no hay duda, no cambie un milímetro; Flaco, ojeroso, me deprime mi misma imagen, me devuelve una verdad avasallante: Sigo ahí.

Ni el alcohol es ya una puerta. Al igual que siempre me doy cuenta de mi sino, no hay ningún tipo de escapatoria, yo, con mi misma mano y con mi misma espada me llevé hacía la pared.  “Si el destino existe debe ser esto” me repito. Falsa mentira que convertí en la verdad de mi vida. Vuelvo a la sala, después me quitaré el casco al igual que pasa siempre, miraré a mí alrededor desconcertado, y repetiré estas mismas palabras. Le doy muchas vueltas a las cosas, pero nunca tomo decisiones, eso fue lo que le faltó decir a Penélope. Cojo el teléfono entre mis manos, marco una vez más, abrazado como siempre al infinito inevitable…

Por Camilo Palabra 2006

Nota: El cuento está protegido por los Creatives Commons, así que si algún “listo” quiero robarse la idea, tendrá que asumir las consecuencias. Y no se preocupe que me voy a dar cuenta. Para eso existe Google.

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Después de la parte violenta

se despide

ahora sosegado,

Camilo Palabra




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El di@rero

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No es siempre un hasta luego

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